domingo, 27 de marzo de 2011
"Esta vez trabajamos bajo la dura mirada de la señora del cuadro, que a todos puso nerviosos, tanto así que muchos escribieron sus experiencias al respecto. Resulta que la señora en cuestión fue Clara Noeglé, la esposa de Juan Williams Rebolledo, un almirante chileno que peleó en la Guerra del Pacífico."
Jacqueline, revista de Primavera, 2003
Era por poco un hecho, el taller recién comenzaba a eso de las seis. Previo a la acción, devoradores casi profesionales de galletas disputaban fervientes luchas de cartas Magic y lecturas de historietas japonesas, en su mayoría facilitadas por Martín o Macarena. Había que ponerse al día con el resto de la semana en que los escritores no se habían visto. Sólo entonces, una vez que el orden natural de las cosas amainara al cauce, las plumas comenzaban su marcha.
Y qué no brotó de allí. Dragones y figuras mitológicas compartieron con detectives, héroes griegos, fantasmas y hasta nubes. Eran los tiempos del tercer piso de la casa de Providencia, compartiendo habitación con la mesa blanca donde Olaya restauraba antiguas ediciones.
Las tablas llenas de grafittis, bien apoyadas sobre las rodillas, trabajaban en conjunto con la inspiración. Muchas buenas historias nacieron allí.
Y por sobre todo, el tiempo jamás fue una limitante.
Hubo cambios, generaciones nuevas igual de creativas como parlanchinas. El primer piso albergó a grupos con el mismo objetivo creativo. Los sofás amarillos se convirtieron en lo que el suelo alfombrado fue para los primeros, acompañados por la juguetona Pluma y la misteriosa Sombra. Los Martes se alternaron con los Miércoles, para luego vivir ambos en creativa armonía.
Fue en ese lugar, justo en la mesa del comedor, donde la atenta (y a ratos inquisidora) mirada de la Señora del Cuadro se posicionó sobre los escritores. Y en un afán azaroso del destino pasó a representar, como si de una embajadora silenciosa se tratase, la fiel espectadora de todo el imaginario que allí se desataba. Nacía el símbolo, más vale tarde que nunca, de una muy linda y para muchos formativa etapa, que acompañaría a la escritora principal de una obra que todavía no termina.
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